sábado, 5 de marzo de 2016

Un verano menos

Puedes decir que no, gracias, pero se ofenderían. Te lo han advertido cien veces ya, así que sigues comiendo. Unos, dos. Tres pasteles si con eso consigues que dejen de insistirte. Así por un mes.
Cinco días después, comienzas a sentirte como si tuvieras 10 kilos más que cuando llegaste. Sientes la piel flácida, la cintura ancha, los glúteos marcándose a través del pantalón. Observas tus piernas al andar gruesas, celulíticas. 
Veinte días después, la figura maternal aparece con sus desatinados comentarios mientras comes, mientras andas, mientras la visión de tus muslos contra el cuero del asiento trasero te marea. 
La psicosis va creciendo, hasta que treinta días más tarde la báscula por fin te indica que han sido 2 kilos extra y tus piernas al subir las escalas te devuelven una visión menos repulsiva.
El choque entre lo que esperabas leer en aquellos números versus lo que lees te relaja, te permites respirar más tranquila.

Ha podido ser peor, regálenme una semana. 

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